Glifosato: en el mundo produce cáncer, en Argentina es inocuo

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Bayer Monsanto sigue acumulando reveses en tribunales internacionales por el rasgo cancerígeno del herbicida. A nivel local, SENASA minimiza su toxicidad. Emergen nuevas pruebas locales del desastre socioambiental que provoca el plaguicida. Baradero y La Matanza, territorios de contaminación y resistencia. Argentina, país récord en el uso del veneno.

Por PATRICIO ELEISEGUI de SUDESTADA

El cierre de junio llegó con nuevas confirmaciones judiciales respecto del rasgo cancerígeno del herbicida glifosato. Dos fallos en menos de una semana reiteraron que Roundup, la etiqueta comercial que comercializa Bayer tras quedarse con Monsanto en junio de 2018, causa esa enfermedad. También sostiene que el gigante de origen alemán deberá desembolsar más de 100 millones de dólares para indemnizar a un matrimonio y un particular afectados gravemente en su salud tras el uso del herbicida.

Semejante pronunciamiento de la Justicia podría comenzar a enderezar la balanza a favor de los miles de familias dañadas por las fumigaciones en la Argentina. El inconveniente está en que las resoluciones ocurrieron en Estados Unidos, y que para el Estado nacional, la toxicidad del glifosato sigue siendo tan relevante como recibir un baño de agua con sal. Un discurso de inocuidad que, perverso, se mantiene desde hace más de dos décadas y media. Gobierne quien gobierne.

Estados Unidos es el país de origen del glifosato, cuyos primeros bidones arribaron a la Argentina en tiempos de la última dictadura militar. Su utilización en el campo a través de distintas campañas de seducción de chacareros comenzó a expandirse durante la década del 80. En mi libro Envenenados (2013, Wu Wei y 2017, Gárgola) doy cuenta del rol como agente de ventas del agrotóxico de Felipe Solá, por entonces –hablamos ya de 1981– un joven ingeniero agrónomo contratado por Monsanto para abrir el mercado del interior agrícola.

En la nación norteamericana, donde la Justicia acaba de ratificar las sentencias contra Bayer por la afectación de los cónyuges Alva y Alberta Pilliod y el granjero Edwin Hardeman, el uso promedio de glifosato es de menos de 8 litros por hectárea. En nuestras provincias de la soja y el maíz transgénicos la dosis promedio oscila entre 12 y 15 litros. Dicho de otra manera, Argentina duplica los números de Estados Unidos en términos de aplicación del herbicida.

En 1991 el uso local de glifosato rozaba el millón de litros/kilos anuales. A fines de esa década el volumen ya alcanzaba los 60 millones. La cifra actual, según estimaciones científicas, se ubica en el orden de los 320 millones. Las sucesivas aprobaciones de semillas transgénicas de soja, maíz, alfalfa y algodón resistentes al herbicida no han hecho más que ampliar el negocio de sus fabricantes y comercializadores –desde la mencionada Bayer hasta la estatal YPF, pasando por Agrofina (Grupo Los Grobo), Syngenta, Atanor y DuPont, entre locales y visitantes–.

Pero aquí la Justicia sigue sin hacer lugar a las denuncias de los pueblos fumigados. El Estado, a través de dependencias competentes en las aprobaciones y los criterios de uso que rigen sobre los plaguicidas como el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), continúa desestimando los veredictos médicos que dan cuenta de la mortífera toxicidad del plaguicida.

Ante una consulta de quien aquí escribe, fuentes cercanas al organismo señalaron que “la situación del glifosato sigue siendo la misma” en la Argentina. Esto es, que los estudios que aún se toman en cuenta para definir –mantener– la regulación establecida son aquellos que catalogan de “inocuo” al veneno.

En SENASA las decisiones judiciales contra Bayer son tomadas como el resultado de litigios entre particulares afectados y una compañía privada. Es decir, como un proceso que nada tiene que ver con las consecuencias sanitarias derivadas de la potencia tóxica del glifosato Roundup.

Mientras el Estado niega se acumulan víctimas y pruebas

Mientras sigue vigente este mirar para otro lado del Estado, los alcances nefastos del glifosato no dejan de multiplicarse en las zonas cooptadas por el agronegocio local. Una muestra reciente corresponde a la contaminación de alumnos y docentes constatada en una escuela rural ubicada muy cerca de Baradero.

A principios de junio, RELEA Baradero-San Pedro (Red Local de Estudios Agroecológicos Baradero San Pedro), Acción Ambiental Baradero y Baradero Verde, con acompañamiento de la Red Federal de Docentes por la Vida, expusieron que prácticamente el 40 por ciento de las muestras de orina pertenecientes a estudiantes y maestros de la escuela N°8 dieron positivo a la presencia del herbicida y AMPA, su degradación.

“En el distrito no rige ninguna ordenanza municipal que limite de alguna forma la utilización de agrotóxicos. Baradero es un partido de 151.000 hectáreas de las cuales 100.000 están abocadas a la agricultura extensiva. Predominan la soja, el trigo y el maíz”, me comentó un integrante del frente de organizaciones.

“A diferencia de Baradero, las localidades vecinas como Areco, San Pedro y Capitán Sarmiento sí cuentan con regulaciones para el uso de plaguicidas. En nuestro distrito se abrió una mesa de trabajo recién este año. Presentamos un proyecto y a los meses la Sociedad Rural presentó otro. Agua y aceite, lo que propone uno y otro”, indicó el referente. Señaló que a partir de estas dos posiciones el municipio comenzó a trabajar en un proyecto “equilibrado”.

Baradero, otra capital del país envenenado

La iniciativa comunal contemplaría, por ejemplo, la imposición de distancias breves respecto de los establecimientos educativos rurales: 50 metros de amortiguamiento y 250 de exclusión. “Por supuesto que no estamos de acuerdo. Ahora estamos a la espera de un borrador de este proyecto que se nos acercarían a las organizaciones”, agregó.

La contaminación en Baradero no concluye ahí: análisis realizados por el Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA) de la Universidad de La Plata constataron gran concentración de glifosato y otros 15 agrotóxicos en torno a la escuela N°5 “Juan Bautista Azopardo” ubicada en Cuartel III Paraje Media Vela, en la zona periurbana de la cabecera distrital.

“La presencia y altas concentraciones de estas sustancias conllevan una muy alta probabilidad de que éstas se movilicen por aire y de que sean trasladadas con el escurrimiento del agua de las zanjas hacia otros sitios, quedando expuestas personas y animales. Asimismo, el tránsito vehicular levanta el material particulado del suelo, que a su vez es dispersado por el viento, lo que aumenta el riesgo de exposición a estas sustancias por el aire que respiramos”, expusieron las organizaciones a través de sus redes sociales.

“En esa zona se han observado y denunciado formalmente hechos ilegales y sumamente riesgosos, como el lavado en la calle de maquinaria agrícola, con el consecuente vertido de los líquidos contaminados en las zanjas, agua y suelo, así como el depósito y quema de bidones en la zona”, añadieron.

Glifosato en el conurbano

El glifosato también dice presente a muy pocos kilómetros de la Casa Rosada. En Virrey del Pino, partido de La Matanza, se constató la presencia del veneno en la sangre de vecinas y vecinos del barrio Nicole. Las pruebas fueron realizadas en el Hospital Gutiérrez.

Hace exactamente una semana, Érika Gebel, emblema de las afectadas y afectados que vienen denunciando las fumigaciones con el herbicida en el área, esto es, en torno a viviendas, la escuela técnica 13, el jardín de infantes 1.000 y la escuela primaria 210, fue abordada y amedrentada por un grupo de hombres ligados al agronegocio en la entrada de su casa.
“Hacemos responsables a las autoridades políticas, judiciales e incluso a la sociedad anónima dueña del campo por la integridad física y psíquica de Erika, su familia y la de cualquier miembro de esta asamblea”, notificó, precisamente, la Asamblea de Vecinos Envenenados por Glifosato de La Matanza.

El espacio donde se aplica el herbicida y otros agrotóxicos comprende tres lotes linderos a complejos de viviendas habitados por más de 5.000 personas. Las familias afectadas denuncian que las fumigaciones se llevan a cabo a 4 metros de sus casas. A los establecimientos educativos que sufren las pulverizaciones con el plaguicida asisten, de lunes a viernes, al menos 3.400 alumnas y alumnos.

Un baño de herbicidas

¿Cuánto glifosato se ha regado en la Argentina en todo este tiempo? Doctor en Química por la Universidad de La Plata y científico determinante en el Conicet, Damián Marino me habló del caudal de herbicida aplicado en una conversación que sostuvimos meses atrás.

“Llevamos más de veinte años de una agricultura química que contaminó a toda la Argentina”, dijo el experto. “Y el nivel de utilización de plaguicidas es tal que encontramos rastros de estos productos hasta en los campos agroecológicos”, añadió.
Marino aportó más datos: “Sólo en los últimos diez años se aplicaron más de 1.000 millones de litros/kilos de glifosato en la Argentina. Por ilustrarlo de alguna forma, equivale a un corredor de 800 kilómetros de camiones con acoplado, ubicados uno detrás del otro, cargados con el herbicida. Una hilera, por utilizar otro ejemplo, de vehículos de ese tipo extendiéndose desde Capilla del Monte, Córdoba, hasta Capital Federal”.

Por último, Marino aportó otra comparación, acotada ahora a la cantidad de glifosato que a través de la lluvia contamina cuencas como la del cordobés río Tercero.

“En un evento de lluvia promedio de la región pampeana, la cantidad de herbicida que cae sobre ese curso equivale a poner a una persona cada 40 metros, a lo largo de toda la cuenca, a verter un litro de ese mismo formulado en el caudal”, afirmó.
Niveles de uso récord a escala mundial y multiplicación de afectadas y afectados. Año tras año. A la par de la expansión territorial en términos de uso, con hectáreas que se añaden en cada campaña del agronegocio transgénico, ampliación dramática del desastre sanitario. Sin embargo, fronteras hacia adentro gobierna la negación como política de Estado. La Justicia, igual de responsable, también ejercita el aquí no ha pasado nada.

Y así transcurre la calamidad: desde las ventanas de pabellones cada vez más abarrotados de enfermos de cáncer. Viendo que hasta en la nación que parió el glifosato, meca mundial de los agrotóxicos, ya nadie duda que mantener el uso del herbicida es una inexorable condena a muerte. Mientras, a modo de contracara, las gestiones que se suceden en la Argentina actualizan el discurso genocida de omitir la tragedia.

Artículo publicado en el sitio: Sudestada.

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