“El tema de los agrotóxicos debería tener un lugar preponderante en la agenda política”

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Jorge Javier Claret, vecino de Basavilbaso y activista ambiental, habla sobre la situación en una ciudad afectada por las fumigaciones. Los casos de Sofía y Fabián.

Por Nicolás Sotomayor de Diario La Calle

Jorge Javier Claret es un vecino de Basavilbaso que integra “Basta Es Basta”, un colectivo que alza la voz sobre todo contra los agrotóxicos en los campos del aquella ciudad del departamento Uruguay. Es un activista ambiental de lucha incesante, que piensa y pone el cuerpo por cambiar una realidad tan perjudicial que se llevó vida de seres queridos.
“Somos estudiantes, docentes, productores agroecológicos, artistas y ciudadanos preocupados por las consecuencias en el ambiente y la salud humana de este modelo”, resume Claret en la entrevista con el diario LA CALLE.

-¿Cuándo comenzaron con la lucha a través de “Basta es Basta”?
-Con el nombre de “Basta Es Basta”, y sumados a la Coordinadora Provincial, desde diciembre de 2017, aproximadamente. Pero anteriormente, el mismo grupo de personas, venimos en Basavilbaso manifestándonos y denunciando las consecuencias del modelo basado en agrotóxicos desde el año 2005.

-¿Cómo surgió la iniciativa y quiénes forman parte?
El hecho que nos llevó a decidir reunirnos en una Coordinadora Provincial, bajo el nombre “Basta Es Basta”, fue la muerte de la pequeña Antonella, de Gualeguaychú. Antonella padecía una leucemia y a pesar de sus fuerzas y su lucha, nos dejó en noviembre de 2017. Su madre se acercó entonces a quienes veníamos luchando contra el modelo agroindustrial para que reforcemos más nuestras acciones, en un intento para que no haya más niños padeciendo lo que los agrotóxicos producen en sus cuerpos. En Basavilbaso somos un grupo variado de personas; desde estudiantes, productores agroecológicos, docentes, artistas y ciudadanos preocupados por las consecuencias en el ambiente y la salud humana de este modelo.

-A grandes rasgos, ¿cómo se vive en Basavilbaso con los agrotóxicos?
-En primer lugar, el cómo se vive en Basavilbaso ha cambiado con el tiempo. En los primeros años, diría en la primera década de arribado el modelo de transgénicos a nuestro país y su expansión en todo el territorio, muchos ignorábamos lo que se usaba y sus consecuencias, por lo que era un total descontrol. Hoy en día, y creo que ese es el primer gran cambio que hemos logrado, la ciudadanía ya conoce la problemática. A través de nuestra participación en los medios y en los debates, venimos denunciando de qué se trata el uso de estos venenos y cuáles son sus graves consecuencias.

-Pudieron cambiar para bien en estos años…
-En general, cuando alguien se encuentra con alguna fumigación cercana al poblado nos hace saber, lo denuncia en la policía, lo muestra en las redes, etcétera. Ya no queda indiferente. Y, más puntualmente, en el último tiempo hemos puesto énfasis en la promoción de la agroecología, e intentado llegar al Concejo Deliberante con un proyecto de Ordenanza para tal fin. Finalmente, los concejales presentaron un modelo a debate, el que fue aprobado por unanimidad y está vigente desde principios de 2021. Además, al finalizar el período legislativo, comenzó a debatirse la actualización de la ordenanza del año 2003, que entre otras cosas regula el uso de agrotóxicos, y principalmente se discutirá la distancia del radio urbano a la que se permiten las pulverizaciones; distancia por la que nuestro colectivo tiene vigente una campaña para que sea de 1500 metros.

Argentina es el país del mundo qué más agrotóxicos usa por habitante. Crece la tasa de cáncer porque fumigan pueblos, escuelas, contaminan napas y ríos. Se utilizan más de 270 millones de litros de agrotóxicos cada año y los organismos de control no miden la toxicidad crónica del químico. Se aplica glifosato en más de 28 millones de hectáreas. Los campos son rociados con el herbicida para que nada crezca excepto los transgénicos.
La Sociedad Argentina de Pediatría advierte que los niños son más vulnerables a intoxicaciones por el uso de pesticidas. Unos 1500 niños son diagnosticados con cáncer al año producto de un modelo que, además, genera riqueza a sólo un puñado de personas. En los pueblos fumigados hay tres veces más casos de cáncer que en el resto del país. Entre Ríos es una de las provincias con mayor acumulación de glifosato en todo el mundo y con un incremento estadístico de los casos de cáncer y otras enfermedades crónicas.

-Hace unos días hubo una movilización con epicentro en Mar del Plata por la exploración offshore. El tema repercutió en los medios y en la sociedad. ¿Creés que el tema de las fumigaciones carece de la misma agenda mediática?
-Sí, definitiva y tristemente sí. Más allá de alguna campaña que hemos visto en las últimas semanas, la gravedad de sus consecuencias, que en muchísimos casos culmina con enfermedades graves y muerte; debería con mucho más urgencia ganar un lugar preponderante en la agenda mediática y en el debate político.

-También lo que sucedió con la megaminería en Chubut, donde el pueblo se movilizó e impidió el proyecto. ¿Es una luz de esperanza esa concientización y movilización de la población?
Sí, desde ya. Esos hechos puntuales son los que dejan ver una luz de esperanza. Son la muestra de que cuando un pueblo se cansa dice “¡Basta!” y se une para proteger sus derechos, los logros aparecen.

De Fabián a Sofía. Dos basavilbasenses víctimas de los agrotóxicos
Sofía era una niña de 4 años de Basavilbaso que todo el pueblo acompañó en el transcurso de su enfermedad. Padecía neuroblastoma de alto riesgo en estadío 4. Algo del día a día de aquella gurisa que transmitía paz con su mirada era narrado por su madre Eliana en las redes sociales. Una lucha incansable que no recibió respuestas del gobierno ni de la justicia para adquirir unas ampollas a precio millonario. Sofía falleció el 30 de noviembre pasado y dejó un manto de dolor en su familia y tantas otras personas. Fabián era un peón rural que trabajaba como fumigador. Su caso fue más conocido porque recorrió medios nacionales e internacionales que quisieron abordar el tema. Falleció en diciembre de 2018, pero quedan de él testimonios e imágenes impactantes que expusieron todo lo que provoca el glifosato.
“Sufre desde hace años una polineuropatía tóxica severa que ataca a su sistema nervioso periférico. Sus brazos cuelgan sin fuerza de un torso enclenque, desvencijado, privado de carne y nervio. Desde joven se había dedicado al mantenimiento de aviones fumigadores en una sucursal de la empresa agrícola Molina y Compañía S.R.L. en la localidad de Basavilbaso”, sintetizaba una nota de eldiario.es (España) en 2017.

-El caso de Sofía parece ser un caso emblemático, al menos en cómo trascendió hacia los pueblos aledaños. ¿Percibís un cambio en la conciencia del pueblo? ¿Y desde la política, sucedió algo?
-Es así, la historia de Sofi, su enfermedad y su lucha, y las fuerzas de su madre para acompañarla e intentar un mejor transitar para ella en esos meses, nos conmovió a todos y la población se hizo presente con su solidaridad. Pero debo decir -también- que, en cuanto a sumarse a la lucha contra los agrotóxicos o incrementar la protesta contra este modelo que lleva a nuestros gurises a esas situaciones, no hemos notado cambio alguno en la sociedad, que más bien parece indiferente. Igual con la clase política.

-Y el caso de Fabián Tomasi. ¿Qué recuerdo tenés? ¿Es necesario tenerlo presente?
-Personalmente tengo el mejor recuerdo de Fabián. Su buen humor, su hospitalidad y sencillez, su amistad, siempre estarán presentes. Además, en nuestro colectivo y en la coordinadora, siempre Fabián está de algún modo. Recordamos su lucha, su intento por llegar a todos con su denuncia, incluso desde su humilde lugar y a pesar de sus limitaciones físicas, logró hacer visible en incontables países y otros continentes las nefastas consecuencias de este modelo. Su ejemplo nos guía, también.

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