Coronavirus ¿Única pandemia?. Escribe el Dr. Carlos Elbert

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El Coronavirus me obligó a aislarme en el campo, en la Provincia de Entre Ríos, en un sitio idílico, desde el que contemplo las maravillas de la naturaleza, respirando aire puro, en medio del verde de los días y el rojo de los atardeceres.

Pero de pronto, unos ruidos estremecedores me sacudieron, haciéndome concentrar en un camino vecinal que conecta las explotaciones agrícolas de la zona. Lo que vi fue un desfile incesante de maquinaria agrícola de todo tipo y porte, tractores, regadoras, camiones y camionetas 4 x 4. Un espectáculo que, por cierto, no tiene nada que ver con la temporada de cosechas que viví de cerca en mi infancia. Lo que presencio ahora, a un ritmo propio de la era electrónica, sin cuarentena que valga, es cosecha y siembra constante de soja. Entre Ríos es una de las provincias más contaminadas con agroquímicos y venenos, y ya ha ocupado mucho espacio en las noticias, tanto por las víctimas reales como las potenciales, en especial, los niños en escuelas. Tengo la impresión de contemplar ahora en vivo y en directo la mecánica de estos excesos y sus consecuencias. Lo que veo es una explotación de la tierra sin piedad, límites ni control. Ya no veo a los agricultores de mi infancia guiándose por los ritmos de la

naturaleza, sino algo salvaje, como una violación en manada, en la cual lo que importa es sembrar y cosechar a ritmo espasmódico, tantas veces en el mes, en el trimestre, en el año, como resulte posible. No terminan de salir los camiones con su cosecha, y ya se observa la “preparación” del mismo suelo, para abusarlo nuevamente, lo más pronto posible. Un ataque así no puede estar motivado por la supervivencia propia y social, ni por contribuir a las necesidades alimentarias del país. Sospecho que se trata, lisa y llanamente, de avaricia. Es posible que yo esté frente a arrendatarios que intentan recuperar la inversión lo antes posible, para empezar a ganar. Pero aun así, los silos bolsa repletos al costado de las rutas delatan que están especulando con el precio de los comodityes, maná del cielo que lleva a la Hylux y al ascenso social. Luego recapacito que esta avidez de riqueza acelerada no es patrimonio exclusivo de los sojeros: baste con ver cómo se remarca en los supermercados y se especula con el gel y los barbijos, para comprender que esto es otra cosa: es una pandemia social. Más precisamente, una pandemia no biológica, sino cultural, que ha contaminado a millones de personas con la convicción de que la riqueza es todo en esta vida, y para alcanzarla cualquier recurso es bueno. Y que lo demás no importa, ya que los que se aparten de la regla son, simplemente, vagos que no quieren trabajar.

En suma, no nos ataca hoy sólo el Corona Virus. Estamos infectados también de un modelo social avaricioso, insensible y asesino de las personas y del ambiente en que viven. Tal vez el fin de la pandemia Corona nos lleve a reflexionar sobre esta otra, y evaluar si somos capaces de compartir la vida con valores que antaño nos unieron mediante la cultura, esa que hoy parece tan despreciada como los pobres suelos y napas heridos de muerte en esta hermosa provincia.

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