Conocé la historia de “La Entrerriana”, primera Cooperativa Cannábica Legal de Argentina

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En el año 2020, pandemia mediante, Javier Orduna tuvo otra excusa para no salir de su casa. Con fotocopias de las leyes sobre cannabis medicinal de distintos municipios del país y legislaciones del exterior, se encerró a leer, subrayar y tomar apuntes.

“Me obsesioné porque quería ayudar a redactar una ley abarcativa, que incluyera a las cooperativas, que defendiera al consumidor y que no persiguiera al cultivador. Me animo a decir que la provincia de Entre Ríos tiene la ley más avanzada del país”, dice el abogado, activista y emprendedor cannábico.

En mayo de 2021, la Cámara de Senadores de Entre Ríos aprobó y convirtió en ley el proyecto por el que se crea un régimen para el “acceso seguro e informado” al cannabis con fines médicos, terapéuticos y/o paliativos del dolor y a sus derivados, que busca “garantizar y promover la protección integral de la salud de las personas” que la necesiten.

La primera cooperativa agrícola de cannabis medicinal del país es entrerriana

Entre sus puntos más salientes, la ley autoriza a sembrar, cultivar, transportar, almacenar y producir cannabis y sus derivados a personas que cultiven para sí o para un tercero, con recomendación médica para su uso terapéutico; al Estado provincial, municipios y comunas; a organismos de ciencia y tecnología gubernamentales; centros de investigación; laboratorios públicos; universidades públicas; asociaciones civiles; fundaciones; mutuales y cooperativas.

En el apartado “cooperativas” es donde entra a jugar Orduna y su equipo porque, junto a un grupo de ocho personas de diversos oficios y profesiones -entre los que aparecen un técnico en extracciones, publicistas, diseñadores gráficos, abogados, comerciantes y una psicopedagoga-, fundaron “La Entrerriana”: la primera cooperativa agrícola cannábica del país, con sede en Concordia.

Cannabis cooperativo

Distintos principios que hacen al cooperativismo como valores de autoayuda, autorresponsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad, fueron códigos hermanados con la cultura cannábica.

“Somos un grupo de personas que nos pusimos de acuerdo para realizar la inversión inicial: alguien pondrá el espacio, otras el capital y otras se ocuparán de la mano de obra. El rédito se resume en un cultivo colaborativo que permite a todos recibir el fruto de la planta. Esta asociación colaborativa se puede convertir en la figura legal de cooperativa por la normativa provincial”, explica el presidente de la cooperativa.

Los integrantes de La Entrerriana el día que se constituyó legalmente la cooperativa.

“La Entrerriana” es la primera cooperativa cannábica que fue inscripta en el Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) y a ella le siguió otra de la provincia, la paranaense “Cultivos en Red”, que ya cuenta con un número de seguimiento de expediente.

“Nos interesa que seamos muchas cooperativas en el país que podamos producir cannabis con fines medicinales. No es fácil sacar adelante el papelerío y lidiar con la burocracia estatal, pero no hay que bajar los brazos. Por eso estamos comprometidos a asesorar a otras personas que quieran crear una cooperativa”, dice el abogado.

Por el momento, la cooperativa trabajará con cultivos al interior “para evitar plagas y reducir el uso de insecticidas” y se centrará en la elaboración de aceites y cremas.

Hay que tener en cuenta que, si bien se permite la utilización del cannabis con un permiso otorgado por el REPROCANN, quienes no cultivan no tienen acceso a productos derivados del cannabis en lugares como farmacias o bien pueden llegar a conseguir aceite pero a un precio excesivo por tratarse de un producto importado.

Crema de cannabis. Bajo estrictos testeos, es uno de los productos elaborados por la cooperativa.

Es allí donde entran a jugar un rol destacado las cooperativas, ya que vienen a llenar ese vacío que existe en cuanto a la producción de un cultivo de cannabis de calidad para la salud de las personas.

“Al cubrir esa demanda, la cooperativa pasaría a competir con un producto de excelencia realizado en Argentina para personas que lo precisen a un costo razonable -mucho más accesible- contra el producto importado”, explica Orduna en un artículo de su autoría publicado en el sitio El País Digital.

Pasos a seguir

El 2 de junio de 2021, el Ministerio de Desarrollo Productivo, que tiene como titular al economista Matías Kulfas, envió al Congreso un proyecto de ley para la creación de un nuevo marco normativo que regule la cadena de producción, la industrialización y la comercialización de la planta de cannabis, sus semillas y sus productos derivados para uso industrial y/o medicinal.

Aunque no legaliza el autocultivo, el mismo prevé un marco de inserción para las Cooperativas y Asociaciones Civiles que forman parte del movimiento cannábico en Argentina y representa un avance histórico en el nacimiento de una industria nacional y en la legitimación de la planta ante la opinión pública, abriendo paso a la radicación de inversiones productivas en las economías regionales del interior del país.

“Estamos a la espera de que se apruebe la ley así podemos avanzar como cooperativa y con nosotros un montón de emprendimientos de este tipo”, dice Javier Orduna.

Consultor en proyectos y negocios con cannabis y cáñamo, Orduna sostiene que “esta empresa generará empleos genuinos ya que, en la cadena de valor del cannabis, un 70% es mano de obra ‘no calificada’ y 30% ‘calificada’”.

Desde su punto de vista, “los jóvenes que hoy sufren la falta de oportunidades laborales tendrán fuentes de trabajo genuinas y las mujeres que cumplen roles fundamentales en el desarrollo del mercado del cannabis como sucede en países donde ya hay una regulación más amplia como Uruguay y Colombia”.

Contra los pulpos y oportunistas

Para llegar a estas instancias fueron muchos años de lucha, militancia y poner el cuerpo en situaciones complicadas.

“Ahora que la ley está a punto de aprobarse son muchos los oportunistas que buscarán llevarse su tajada. Inevitablemente pasará, pero lo que no tenemos que permitir es que el acceso sea para unos pocos y que el negocio quede en manos de los mismos de siempre”, afirma el abogado cooperativista.

Es por eso que Javier Orduna está convencido de que “las cooperativas somos las que tenemos que levantar esa bandera para no caer en lo mismo que pasa con la producción de alimentos”.

En ese sentido, ya sucedió que el Colegio de Farmacéuticos de Entre Ríos quiso que se aprobara que los únicos habilitados para vender productos cannábicos fueran las farmacias.

“Logramos negociar que las cooperativas puedan producir y vender materia vegetal a esas farmacias pero aún no está aceitado el sistema y estamos como en un limbo”, asegura.

Parte del cultivo que representa la materia prima de la cooperativa La Entrerriana.

Javier Orduna dice que su sueño es que “La Entrerriana sea la primera de muchas cooperativas que emprenderán en el mundo cannábico, como así también los diferentes actores dentro de la cadena productiva del cannabis”.

En un país donde las micro, pequeñas y medianas empresas representan el 70% del empleo, “las cooperativas cannábicas tenemos que adelantarnos y evitar la concentración de grandes empresas. Aunque a la larga va a suceder, lo que tenemos que hacer de aquí a que lleguen es promover la creación de muchas empresas más pequeñas”, concluye el abogado entrerriano.

Fuente: Ulises Román Rodríguez para El Planteo

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